Un mundo mejor – Obra2018-10-31T11:54:18+00:00

Un mundo mejor

Personajes:

Leonora: Alta y delgada, de extraños rasgos faciales, pelo liso y desaliñado. Es altiva, portadora de un lujo inexistente. Habla con un raro acento extranjero, y sus opiniones siempre están por encima del bien y el mal.

Belcore: Muy alto y delgado. Vive con pasión todo lo que dice: esto no significa que hable más alto, ni que se mueva más rápido, ni que sea más nervioso que el resto. No conoce el término medio. Es bipolar.

Gäel: De origen francés con perfecto acento castellano. Hombre guapo, galante, seguro de sí mismo. Sabe lo que quiere y lo que los demás quieren, sobre todo si son mujeres.

Inés: Personaje triste e insignificante. No aporta más que continuidad a la trama.

Oso de peluche: Sustituye a un mal actor de carne y hueso. Aporta simetría a la escena, y se convierte en el objeto de pasión de algunos personajes.

Acto 1:

(Tres cubos de madera repartidos en la escena que sirven de asiento a los actores y un sofá-Puff)

Escena 1.

(En la oscuridad comienza a sonar el Danubio Azul de R. Strauss. A los pocos segundos una luz fría ilumina lentamente la escena y vemos a Inés empujando tímidamente el sofá-puff. Lo coloca a un lado. Ella lleva un vestido negro hasta las rodillas, de corte de fantasía, antiguo. Parece una meretriz de Drácula).

(Una vez colocado el sofá y sonando aún la introducción del Danubio, Inés se dirige hacia el fondo del escenario y espera la aparición de Belcore y Gäel, que salen vestidos con pantalón, chaleco negro y camisa blanca, y con un bello porté y al ritmo del Danubio la sientan delante a la izquierda sobre uno de los cubos).

(Leonora entra en escena con vestido similar y los hombres hacen con ella otro tanto, con la excepción de que tras un breve balanceo cogida de piernas y tronco, la lanzan al aire para caer, después de una pirueta al ritmo de la música, sobre el sofá-puff).

(Acto seguido los hombres realizan movimientos espasmódicos entorno a las mujeres, movimientos que ellas, cada una en su asiento, reciben con entusiasmo. Tras una breve danza masculina de apareamiento, Belcore toma del pelo a Inés y la arroja sobre el suelo, momento en el que el volumen de la música desciende y se ilumina media escena para dar paso a la siguiente conversación):

Leonora: (Mirando al público) No le voy a negar que me gusta usted con locura, es sólo que me veo obligada a disimular mis deseos…tengo obligaciones y estoy atada a mi familia. Tengo dos hijos, uno de ellos es obeso, pero le quiero igual. También tengo marido, por supuesto, pero no es ni la mitad de atractivo que usted. Yo soy una mujer de mi tiempo y tengo mis deseos, no estoy dispuesta a pasar todas las horas del día metida en una cocina, cuidando a otros. De todas formas no se haga ilusiones conmigo. Lo que yo siento hacia usted no es más que deseo, un deseo ansioso. Quiero apretar sus carnes contra las mías, saborear su saliva, sudar, sudar con un desconocido, su aliento en mi oreja… y después no volver a verle más. Sí, eso también me excita. Con solo pensarlo tengo el corazón como si llevara horas en el gimnasio.

Gäel: Entonces podemos decir que tenemos una cita. Jajaja, la he convencido a usted.

Leonora: Deme la mano (extendiendo el brazo hacia Gäel). Empecemos por aquí. Golpéeme con algo.

Gäel: ¿De verdad? Me alaga usted si cree que soy tan hombre.

Leonora: Pues claro que es usted un hombre. Un hombre moreno, con olor a hombre. Y por lo que veo desde aquí no le falta detalle para ser… el Hombre.

Gäel: Así es, me ha calado usted. Pero basta de charlatanería. Las palabras no llevan a nada.

(Gäel se abalanza sobre Leonora en el sofá-puff e inician un posible coito)

Gäel: (Con pasión) Quiero hacértelo todo.

Leonora: (Excitada) Todo, sí, todo.

Gäel: Todo lo que yo quiera. ¿Qué es lo que más te gusta?

Leonora: Que seas libre, que seas hombre y libre.

Gäel: Me encanta tu pelo.

Leonora: Mi pelo es tuyo, mi boca es tuya, y si acaso tengo alma, también es tuya.

Gäel: Quiero llevarme tu pelo.

Leonora: Mi pelo es tuyo.

Gäel: Voy a cortarte el pelo.

Leonora: (Dubitativa) Mi pelo…

Gäel: (Violento) Estate quieta, no te muevas, la forma es muy importante.

Leonora: (Grita asustada mientras vuelve a elevarse la música de Strauss) ¡Mi pelo!

Gäel: ¡No te muevas!

Leonora: ¡¡¡¡Mi pelo noooo!!!¡¡¡¡¡Mi pelo nooooo!!!!

Gäel: ¡Tienes un pelo precioso!

Leonora: ¡¡¡¡MI PELO NOOOO!!!!

(Gäel se incorpora colocándose justo detrás del sofá-puff. Con las manos en los bolsillos y tono paternalista le dice a Leonora):

Gäel: ¿Pero por qué lloras? Una mujer como tú no puede tener miedo. Eres libre de desear lo que quieras. Déjate llevar, aunque sólo sea por la experiencia. Podemos hacer algo maravilloso juntos. ¿Quieres trascender tu yo? Ánimo, las penas no durarán mucho, y yo no te haré nada que no hayas deseado alguna vez que te hicieran.

(Leonora grita de nuevo) ¡MI PELO NOOOO! (pero esta vez lo hace lentamente como si el tiempo se hubiera ralentizado; el volumen de la música asciende y Gäel tira de Leonora sobre el sofá-puff hasta sacarla de escena. La música está en su punto álgido y se crea una sensación de irrealidad temporal. Vuelve a iluminarse la otra mitad del escenario y Belcore levanta del suelo a Inés tirándole del pelo, la sienta sobre un cubo de madera. Fin del Danubio Azul)

Escena 2.

Belcore: (Al público mientras acaricia distraídamente el pelo de Inés) Yo no suelo derrochar mucho. No me gusta derrochar a lo loco, pero tengo mis fetiches. Adoro los fetiches. Tanto los paganos como los cristianos. Adoro por supuesto los objetos antiguos. Tienen tanto que decirnos… Lo moderno me da asco. Yo necesito rodearme de objetos con vida para sentirme bien, para sentirme inmerso en la historia. La historia es muy importante.

(Entra Gäel tirando de nuevo de Leonora sobre el sofá-puff. Él no parece prestar atención a lo que le rodea, sólo camina sin rumbo. Ella a sus espaldas le grita y escupe)

Leonora: ¡Eres patético! (Escupe). ¡Ser despreciable! ¡Patético! (Escupe). ¡No eres nadie! (Escupe). Me lo has prometido todo y no me has dado nada. ¡Patético! (Escupe). ¡Te odio! Ser patético, ser despreciable….

(Belcore continúa su discurso sin prestar atención. Se sigue escuchando a Leonora como un ruido lejano)

Belcore: Podríamos decir de mí que soy un ser delicado. Me gusta cuidar de mí. Mi entorno es lo más importante para mí. El poder encontrar mi humilde rincón de soledad, ya sea en el campo, en la ciudad, junto al mar… Me gusta viajar. Me gusta viajar sólo y con amigos, aunque para ser sincero prefiero la soledad. No necesito tener gente cerca para sentirme realizado por muy antisocial que esto parezca, y es que la soledad es una opción, es algo que se vive desde muy dentro. Además hay que tener en cuenta una cosa muy importante: que las personas no suelen ser lo suficientemente interesantes como para merecer mi atención. A mí todos vosotros me dais igual. Me la peláis. (Al público). Me la pelas tú, y me la pelas tú… y tú también me la pelas.

(Casi imperceptiblemente los actores van tomando asiento repartidos por la escena y miran al público)

Belcore: Pues en uno de esos días de paseo solitario a través de un campo de cultivo vi cómo levantaban el vuelo gran cantidad de insectos huyendo de la nube tóxica esparcida por el tractorista. En la huida los insectos envenenados eran devorados por una bandada de pájaros. La idea del proceso de transferencia alimenticia entre organismos en el que cada uno se alimenta del precedente y es alimento del siguiente, me ha llevado a pensar en la forma en la que la estupidez se ha convertido en la mayor e interminable enfermedad que ha padecido el ser humano a lo largo de la historia, habiendo sido ésta traspasada, probablemente genética y culturalmente, de generación en generación, y entre personas de una misma comunidad. La estupidez nos atañe a todos.

(Los actores aplauden. Todos están sentados y miran al público de frente)

Inés: Yo soy una persona muy sencilla que busca amor. A mí me gusta todo lo que viene de otra época: Las ideas, las imágenes, la música… Incluso tengo la impresión de que cualquier hecho de mi vida ocurrido en el pasado fue mejor.

(Aplausos)

Gäel: Yo soy responsable de mi felicidad, de lo que soy, de lo bueno y lo malo que me pasa. Es fundamental aprender a cuidar de uno mismo, y no me refiero al cuerpo, que también, me refiero sobre todo al espíritu. Yo procuro quererme cada mañana. Cada día me repito lo valioso que soy, la bondad que poseo. Por eso no permito que nada en mi día a día me perturbe. Si algo sale mal no voy a fustigarme. Yo no me hago responsable de mis actos.

(Aplausos)

Leonora: Bueno, yo creo que el hombre está perdido entre conceptos que no entiende. Y esa es una lacra para la humanidad. Porque se habla de ciertas cosas con demasiada ligereza, como por ejemplo de la angustia. Hay gente que habla de la angustia, incluso escriben libros sobre ella gente que no ha sufrido nunca verdadera angustia. Se ha convertido en una moda eso de escribir sobre cosas que no se entienden.

(Aplausos. Se va acelerando el ritmo de la escena levemente) 

Belcore: Hola, sí, yo creo que nuestras actitudes diarias pueden parecer limitadas, llegando a crear asociaciones en nuestra forma de percibir la vida que dan como resultado limitaciones en la subjetividad.

(Aplausos)

Gäel: Hoy pienso estar alerta ante cualquier semilla de felicidad que aparezca en mí, y voy a preparar el espacio para hacer que crezca.

(Aplausos)

Leonora: Debería de hacerse pruebas psicológicas a la gente antes de permitirles hablar sobre cosas que en realidad desconocen. ¡La gente no sabe de lo que habla!

(Aplausos)

Inés: Soy una persona mística, sensible a lo supra-terrenal. A veces creo que en otra vida fui monja.

(Aplausos)

Belcore: Así podemos llegar a escuchar comentarios como: nací el mismo día que lo de Palomares, o: el lavado de colon me ha iluminado, ¡ahora lo veo todo más claro!

(Aplausos)

Gäel: Si soy bueno y feliz viviré eternamente.

(Aplausos)

Inés: Intento acercarme a Dios a través de las drogas.

(Aplausos)

Jelena: Yo sí que he entendido a Nietschze.

(Aplausos)

Escena 3.

(Entra de nuevo el Danubio Azul y se siguen escuchando frases del tipo “Por fortuna la muerte nos iguala a todos” y “Me enorgullezco de decir que yo controlo lo que hago”… que se pierden en la música. Los cuatro actores realizan una coreografía en sus asientos, tras lo cual Inés y Gäel salen de escena llevando cada uno un cubo de madera. Gäel se dirige hacia Leonora que está sentada en el sofá-puff, y con la misma actitud prepotente que en la escena 1 le dice):

Gäel: Nunca vas a verte satisfecha. Tienes un problema ¿sabes? Un problema de ansiedad. Aún no has aprendido a dirigir tus emociones, a pesar de tu edad. Eres muy mayor ¿lo sabes? Tienes que comenzar a controlar tus estados de ánimo para poder ser una buena persona. Para ser una mujer… para ser… La Mujer.

Leonora: (Responde siempre mirando al público) ¡Yo ya soy La Mujer y tú eres patético!

Gäel: No eres consecuente con tus miedos. ¿Qué miedos tienes tú? Ni siquiera lo sabes, pero los tienes. El primer paso es transformar tus miedos en amor.

Leonora: No mereces mi atención.

Gäel: ¿Tienes miedo a la obesidad? ¿Tienes miedo a la vejez? ¿Tienes miedo a la muerte?

Leonora: ¡Lárgate de aquí de una vez!

Gäel: Lo que está claro es que ya no tienes ni miedo ni respeto por mí. No me importa cómo me veas, lo volveremos a intentar.

Leonora: Patético.

Gäel: Tengo mi orgullo. Lo volveremos a intentar y vas a ver lo que yo valgo. Será tan sublime que tendrás que contárselo a todo el mundo para hacerme justicia.

Leonora: ¡No eres nadie! ¡No eres nadie!

(Comienza a tirar del sofá-puff lentamente hasta sacarla de escena mientras le recita un poema de Sergio Escribano. No hay violencia física. Todo es enérgico pero aséptico)

Gäel: A ti, que la cólera te cubre cada vez que descubres que sabemos que hay tesoros que no se tasan por su peso.

Leonora: Calla tu boca. No me importa lo que digas.  

Gäel: A ti, que odias el oro, que odias la plata, que odias las perlas si no están en ti.

Leonora: Patético.

Gäel: A ti, Puta de Plata, pelo sin vida, que dices que te adornas y no entiendes qué es adorno.

Leonora: Muérete, ser patético.

Gäel: Tú, que hablas de las flores del campo como si fueran de plástico y siempre hubieran estado ahí.

Leonora: ¡Patético!

Gäel: Tú, que no tienes victoria si no humillas.

Leonora. ¡Muérete!

Gäel: Tú, que de la luna no sabes ni su nombre y llamas a las estrellas manchas.

Leonora: ¡Patético!

Gäel: Tú, que mataste la magia del ego con tu condescendencia.

Leonora: ¡Ser despreciable!

Gäel: Tú, que luces orgullosa tus trofeos frente a tus siervos.

(Conforme salen de escena la música sube y Belcore entra con un enorme oso de peluche y una silla giratoria que coloca en el centro de la escena, se sienta sobre la silla y con el oso en sus rodillas comienza a reír y a girar. Fin del Danubio Azul)

Escena 4.

Belcore: (Feliz, habla al público) Es increíble, está muy suave. ¡Qué suave está! ¡Y qué grande es! Me gusta su tacto, me gusta porque es blandito. Al tocarlo me da paz, me da mucha paz, puedo decirle lo que sea que no me lo va a reprochar, o mejor aún, puedo hacerle lo que yo quiera y no se quejará, puedo no hacerle nada y no se irá de mi lado. Es perfecto en todos los sentidos. Y además huele bien, huele mejor que muchas personas que conozco. Huele mejor que tú, y mejor que tú, y tú.

(Inés aparece en el fondo de la escena y se dirige a Belcore)

Inés: ¿Qué tienes ahí?

Belcore: Salta a la vista.

Inés: ¿Me lo dejas?

Belcore: No, tú no sabrías tratarlo como se merece.

Inés: Sí sé.

Belcore: No, no sabes. Esto es muy delicado y necesita que lo cuiden bien. Necesita amor, y no todo el mundo sabe lo que es eso.

Inés: Claro que lo sé.

Belcore: No, no lo sabes. Además, no todo se basa en el amor, también hay que saber cuándo ser violento y descuidado, sin eso el amor no tiene valor ninguno. Hay que ser muy inteligente para conseguir ese equilibrio. Y tú no pareces muy lista. Anda, vete de aquí, no me hagas enfadar, déjame a solas con mi oso, que tengo mucho que decirle.

(Inés se va)

(Al oso) Mírame a los ojos…eres muy bonito, pero no te lo creas demasiado, la belleza no dura mucho. En unos años ya no serás nada, serás un guiñapo viejo cubierto de polvo olvidado en un trastero. Ya empiezas a perder pelo, no te queda mucho tiempo conmigo. Que sepas que pronto te abandonaré (le pega). ¿No dices nada? Claro que no. Siempre estarás a mi lado si yo quiero. ¡Qué ojitos tienes! Incluso da la impresión de que quieren decirme algo (le pega). ¡Qué suave estás! podría pegarte durante horas, tal vez esa sea una buena forma de hacer ejercicio y suavizar el carácter… Ya me he cansado de ti. ¿Ves que rápido se salta de un estado a otro? Un ratito te quiero y otro ratito te odio. Voy a dejarte aquí sentado, yo me voy, luego vuelvo, o a lo mejor no vuelvo nunca. Hoy no te has portado muy bien. Tendré que pensarlo. Adiós.

Acto 2:

(En la escena hay un micrófono delante a la izquierda, una silla en el centro y un cubo de madera al fondo. La luz es mucho más cálida y a veces da la impresión de estar en una verbena)

Escena 1.

(Comienza a sonar “Only you” de The Platters. Inés vuelve a entrar y observa al oso solo en el centro de la escena sobre la silla. Mientras baila sensualmente se acerca a él y le dice):

Inés: Hola, ¿estás solo? Yo estoy muy sola ¿sabes? Podemos arreglarlo, estas cosas se arreglan si dos se juntan. ¿Tú que opinas de la soledad? No dices nada… El mundo, el universo, el cosmos, no son lo suficientemente grandes para nosotros… ni para nuestra soledad. Me gustas, me gustas mucho, ¿te gusta a ti la compañía? Voy a decirte algo: quiero pasar contigo el resto de mi vida.

(Se acerca al micrófono llevando al oso de la mano y canta):

“Only you can make this change in me

For it’s true, you are my destiny

When you hold my hand I understand the magic that you do

You’re my dream come true, my one and only you”.

Escena 2.

(Fin de la música. Leonora entra en escena)

Leonora: Quiero hablar contigo a solas. Dame el oso. Vamos, vamos, suéltalo.

(Le arranca el oso de las manos y lo coloca al fondo del escenario sobre el cubo)

Leonora: ¿Te gusta ese oso?

Inés: Me gusta mucho ese oso.

Leonora: ¿Por qué te gusta tanto?

Inés: No lo sé. Me da paz. Me siento segura con él.

Leonora: A lo mejor hay más gente que se siente segura con el oso y tú lo estas acaparando para ti.

Inés: Estoy dispuesta a compartir siempre y cuando vuelva a mi lado.

Leonora: Mira, te voy a decir una cosa y no te la voy a repetir más. Compartir, es perder. Compartiendo no se consigue nada. Sólo acabarías debiendo favores a tu alrededor. ¿Quieres pasar toda tu vida contabilizando la cantidad de favores que has realizado para calcular cuantos favores te deben a ti?

Inés: No.

Leonora: Pues entonces no compartas nada con nadie. Si algo es tuyo, es tuyo sólo, y si algo no te pertenece, déjalo ir.

(Entra Gäel y furtivamente se lleva el oso del escenario)

Inés: ¿Y qué sabes tú sobre si el oso me pertenece o no?

Leonora: Créeme, el oso no es para ti. Ni siquiera estáis hechos el uno para el otro. El oso estaba bien como estaba antes de que tú llegases. Por tu culpa ahora el oso está tremendamente confundido. Él ya está muy lejos de aquí. Nunca más lo volverás a ver. Es lo mejor. Créeme. Él ya no quiere estar contigo.

(Inés sale de escena pensativa y Leonora toma asiento en la silla. Un foco circular ilumina desde arriba. Habla al público como si estuviera en el confesionario de un Reality Show)

Escena 3.

Leonora: Yo soy su amiga desde hace mucho tiempo y no podía dejar que lo hiciera. Además está muy mal jugar con los sentimientos de la gente de esa manera. Pobre chico… pero eso ella no lo piensa. La gente sólo va a lo suyo. De verdad que no hay respeto ninguno por los sentimientos de los demás.

(Leonora sale de escena y Gäel ocupa su lugar)

Gäel: Yo esto lo he hecho para ayudarla. Para que aprenda a valorarse. Actuando así lo único que demuestra es que ella no se valora lo suficiente. En esta vida todos estamos muy solos. Nadie regala nada, y si hay algo que una persona tiene que tener para salir adelante es orgullo y dignidad… Algún día me lo agradecerá.

(Gäel sale de escena y entra Belcore)

Belcore: A ver, yo no me voy a enfadar. No me voy a enfadar… porque no merece la pena, hay que seguir adelante. A mí todo esto me ha servido para darme cuenta de qué clase de gente me rodea. Ella es mala persona. Es que no me explico por qué ha hecho lo que ha hecho… y en mis narices además. A ver, hablar con ella no voy a hablar, no quiero que me de explicaciones porque para mí ya está todo muy claro. Y yo tampoco tengo nada que decir, ella ya sabrá el mal que ha hecho porque para mí es de lógica, vamos. Para mí está todo muy claro.

(Belcore se levanta de la silla y abandona la escena. Entra Inés, se acerca al micrófono y comienza de nuevo a sonar Only You)

Escena 4.

Inés: (Al público) No es la primera vez que me ocurre, no. Y seguro que tampoco es la primera vez que te ocurre a ti, o a ti… a ti también te han dejado, y si no te dejarán pronto. Es una pena… lo quise tanto… lo noté tan cerca de mí por un momento… me dejó su huella aquí, aquí. (Señala su corazón, empieza a llorar).

(Inés se dirige hacia la silla, la desplaza un poco más a la derecha, se sienta en ella y comienza a girar y llorar desconsolada)

Inés: ¡No me dejes! Podemos compartir grandes momentos juntos. Hazme caso. Vuelve. No me gusta estar sola. Te quiero mucho. Te adoro. No me dejes. ¿Por qué te has ido? ¿Por qué?

(El resto de actores entran realizando cada uno una danza particular, consistente en hacer diferentes tipos de desplazamiento. Todos avanzan hacia el micrófono, y una vez ahí se detienen en fila y se carcajean al ritmo de la música señalando a Inés mientras llora. Fin de la música. Los actores se giran y en silencio salen de nuevo repitiendo la misma danza con la que entraron a escena. Oscuro)

Acto 3:

(Una silla, tres cubos de madera y el sofá-puff. Volvemos a la iluminación fría del principio)

Escena 1.

(La escena se ilumina e Inés está sola en escena, sentada)

Inés: (Al público) Pues sí, me ha vuelto a ocurrir. Yo me entrego, lo doy todo: mi tiempo, mis ideas, mi cuerpo, mi ética, mi pasión… ¡todo! Y después… nada. Me quedo sola. Debo de tener algo raro. O tal vez no sea yo. Creo que me emociono demasiado al principio. Ya no se pueden hacer las cosas con emoción, no hay lugar para la emoción. Pero a mi me da igual, pienso seguir actuando como actúo. Lo volveré a intentar.

(Belcore entra en escena con un cubo y se sienta en él)

Belcore: (Al público) No sé que haré cuando lo encuentre, pero siento que me estoy poniendo muy nervioso, ¡muy nervioso! Intentaré no violentarme. Voy a respirar hondo. Aunque me estoy poniendo muy nervioso. Si lo encuentro no sé como voy a reaccionar.

(Gäel entra con otro cubo y se sienta)

Gäel:  Yo sinceramente recomiendo la introspección en estos casos, la cual no debe confundirse con la auto-vigilancia, eso es para gente que tiene poco ego. Lo que quiero decir es que es fundamental buscar dentro de uno mismo y preguntarse por lo que se busca. Todos buscamos algo ¿no es cierto?. La cuestión es: ¿merece la pena ese algo? ¿Cómo puedo alcanzarlo? ¿Qué es lo que obstaculiza mis metas? Y una vez descubierto el obstáculo, machacarlo como si fuera un huevo crudo.

(Los actores aplauden)

Escena 2.

Leonora: Yo lo que veo importante es mantener las distancias. Las cosas sólo importan lo necesario. Todo lo que acompaña la vida del individuo es pura irrealidad. Aunque a veces esa irrealidad es necesaria para satisfacer nuestras necesidades sociales.

(Aplausos)

Inés: Yo lo único que quiero es poder disfrutar de pequeños momentos de felicidad. Momentos de paz conmigo misma. No sé muy bien qué es ser feliz, pero sospecho que en el fondo todo lo determina, en parte la predisposición de uno mismo, y en parte, el azar.

(Sólo ella se aplaude y queda extrañada)

Gäel: En la vida hay gente que sobra. Eso es así. Es una pena que nuestra sociedad se haya vuelto tan blanda que no seamos capaces de deshacernos de las personas que no son competentes. Ahorrar en individuos que no aportan nada es un bien común.

(Aplausos)

Gäel: Así es, el problema a determinar es el de la elección del método de exterminio. ¿Qué puedo hacer yo para satisfacer mis deseos sin interrumpir los deseos de los demás?

(Aplausos. La escena coge velocidad gradualmente)

Leonora: Sí, bueno, además es importante prestar atención a la educación. La gente debe tener plena conciencia sobre sus actos. Hay mucha gente que no sabe lo que hace.

(Aplausos)

Inés: Mis necesidades son aquellas que tienen que ver con la serenidad interior.

(Nadie aplaude, vuelve a quedarse sola)

Belcore: Cada vez más nervioso Yo ya no puedo estar tranquilo. No soporto que se rían de mí en mi cara. Me estoy poniendo violento.

(Aplausos)

Gäel: Seremos capaces de avanzar en la vida si lo hacemos a través del placer. Nunca a través del sufrimiento.

(Aplausos)

Leonora: No existen el bien y el mal, pero existen los deseos.

(Aplausos)

Belcore: ¡Devuélveme lo que es mío! (Se levanta del banco, coge a Inés del pelo y con violencia la tira al suelo).

(Aplausos)

Escena 3.

(Se escucha de nuevo el Danubio Azul de Strauss mientras todos, menos Inés que sigue en el suelo, dicen frases que se pierden con la música. Inés se levanta y se marcha, Leonora se sienta y Gäel repite la danza de apareamiento del principio junto a ella. Belcore, se sienta junto al cubo de madera y apoyando los brazos en él dice):

Belcore: (Con odio retenido pero sonriente) Lo he estado buscando por todas partes y al final lo he encontrado… No le he hecho nada… Es que no me ha querido abrir la puerta. De verdad que no le he hecho nada… bueno sí, sí que le he hecho. Le he metido el puño en la boca…. un poquito… bueno… lo he metido hasta el codo. No he entendido por qué no quería abrir la puerta. Bueno… le he metido un poquito más… hasta el hombro. ¡Gritaba! Un poquito nada más gritaba. No sé por qué. Yo llamaba (golpea el cubo como si llamara a una puerta). Pero seguía gritando. No quería abrirme. Yo seguía llamando (golpea el cubo). Y él seguía gritando. Y yo llamando y llamando.

(Leonora simula un desmayo ante los gestos de apareamiento de Gäel, tras caer, vuelve a recuperar la posición y Gäel continúa el cortejo)

Belcore: (Golpeando el banco) Ya me enfadé. No me quedaba otra opción. Llamé. Llamé otra vez. Cada vez más fuerte… y no quería abrirme. Rompí la puerta… pero un poquito (con la mano hace el gesto de poca cantidad). No se abrió del todo y yo llamaba (más golpes en el banco) y llamaba. (Su enfado crece). Y no abría. ¡No me abría la puerta! No me empezaba a gustar que no abriera la puerta.

(Inés aparece en el fondo de la escena y, tanto Gäel como ella, realizan una coreografía de pie junto a los cubos)

Belcore: ¡No estaba bien que no me abriera la puerta! No me gustaba. De hecho me incomodaba muucho, muuucho, mucho, mucho. Y me empezaba a calentar… ¡Y no me abría la puerta!

(Cesa la coreografía)

Leonora: (Mirando a Gäel) No le voy a negar que me gusta usted con locura, es sólo que me veo obligada a disimular mis deseos…tengo obligaciones y estoy atada a mi familia. Tengo dos hijos, uno de ellos es obeso pero le quiero igual. También tengo marido, por supuesto, pero no es ni la mitad de atractivo que usted. Yo soy una mujer de mi tiempo y tengo mis deseos, no estoy dispuesta a pasar todas las horas del día metida en una cocina, cuidando a otros. De todas formas no se haga ilusiones conmigo. Lo que yo siento hacia usted no es más que deseo, un deseo ansioso. Quiero apretar sus carnes contra las mías, saborear su saliva, sudar, sudar con un desconocido, su aliento en mi oreja… y después no volver a verle más. Sí, eso también me excita. Con solo pensarlo tengo el corazón como si llevara horas en el gimnasio.

Gäel: Entonces podemos decir que tenemos una cita. Jajaja, la he convencido a usted.

Leonora: Deme la mano, (extendiendo el brazo hacia Gäel). Empecemos por aquí. Golpéeme con algo.

Gäel: ¿De verdad? Me alaga usted si cree que soy tan hombre.

Leonora: Pues claro que es usted un hombre. Un hombre moreno, con olor a hombre. Y por lo que veo desde aquí no le falta detalle para ser… el Hombre.

Gäel: Así es, me ha calado usted. Pero basta de charlatanería. Las palabras no llevan a nada.

(Gäel se abalanza sobre Leonora e inician un posible coito)

Gäel: (Con pasión) Quiero hacértelo todo.

Leonora: (Excitada) Todo, sí, todo.

Gäel: Todo lo que yo quiera. ¿Qué es lo que más te gusta?

Leonora: Que seas libre, que seas hombre y libre.

Gäel: Me encanta tu pelo.

Leonora: Mi pelo es tuyo, mi boca es tuya, y si acaso tengo alma, también es tuya.

Gäel: Quiero llevarme tu pelo.

Leonora: Mi pelo es tuyo.

(Leonora en ese momento muerde con fuerza la oreja de Gäel, el cual lanza un grito ensordecedor)

Gäel: ¡Mi oreja! ¡Mi oreja! ¡Joder! ¡Me has arrancado la oreja!

(Gäel coge del pelo a Leonora y la lanza al suelo, donde queda desmayada. Gäel llora e Inés al verle se acerca y le dice):

Inés: ¿Pero por qué lloras? Un hombre como tú no puede tener miedo. Eres libre de desear lo que quieras. Déjate llevar, aunque sólo sea por la experiencia. Podemos hacer algo maravilloso juntos. ¿Quieres trascender tu yo? Ánimo, las penas no durarán mucho, y yo no te haré nada que no hayas deseado alguna vez que te hicieran.

(Gäel abofetea a Inés y la tira al suelo, comienza a darle patadas al ritmo del Vals de Strauss, mientras, Leonora se despierta y observa excitada la escena; Belcore habla cada vez más nervioso):

Belcore: Por fin entré, lo vi, lo cogí, él no me dijo nada, y yo lo empecé a peinar. Lo peiné mucho. Sí, un poco más lo voy a peinar. Hasta el cuello (señala el cuello). Hasta el cuello lo voy a peinar. Lo mismo, de adelante atrás. De hecho, lo peiné ¡por dos veces! Al final me abrió, pero me incomodé muuucho, muuucho, muucho, mucho.

Escena 4.

(Inés queda tendida en el suelo, Leonora está sentada al fondo de la escena a la derecha, excitada ante la visión de tanta sangre. Belcore sale de escena, Gäel lo sigue, y entra acto seguido arrastrando el sofá-puf f con Belcore y el oso subidos en él. Belcore juega con el oso durante el trayecto, Gäel los lleva hasta el otro lado de la escena. Al fondo Leonora observa sentada. Gäel llega a su destino, ambos se miran y sonríen, se sientan juntos con el oso en medio. Lo acarician, se sonríen, y cuando llega el punto álgido de la música, ambos sacan un cuchillo y lo destripan en escena. Se miran a los ojos junto al cadáver del oso, respiran desahogados y ríen a carcajadas. Salen de escena dejando una única luz que ilumina el cuerpo mutilado del peluche. Fin de música, negro).

Fin.

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